{"id":1272,"date":"2013-02-25T12:16:05","date_gmt":"2013-02-25T15:16:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.sicnoticias.cl\/?p=1272"},"modified":"2013-02-25T12:16:05","modified_gmt":"2013-02-25T15:16:05","slug":"chile-y-anarquismo-efrain-plaza-olmedo-catarsis-del-redentor-anarquista-por-claudio-rodriguez-morales","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.sicnoticias.cl\/?p=1272","title":{"rendered":"CHILE Y ANARQUISMO: Efrain Plaza Olmedo, catarsis del redentor anarquista. Por Claudio Rodr\u00edguez Morales"},"content":{"rendered":"<p>El cuadernillo se abre y la hoja en blanco recibe los primeros adjetivos utilizados por el periodista de El Diario Ilustrado para casos los policiales, seg\u00fan el manual de estilo de 1912. Drama sangriento, obra de un loco. La tinta de la lapicera contin\u00faa enumerando los hechos objetivos: 13 de junio, 7.25 de la tarde, Santiago de Chile, calle Hu\u00e9rfanos, gran movimiento de peatones y de carruajes, un invierno crud\u00edsimo, con nevaz\u00f3n incluida. Dos v\u00edctimas fatales, se trata de hombres j\u00f3venes, Carlos Consol\u00edn de 17 a\u00f1os (dos proyectiles al cr\u00e1neo) y Joaqu\u00edn Guzm\u00e1n Vergara de 19 (uno directo al abdomen). Un victimario que intenta huir perseguido por un grupo de transe\u00fantes, todos hombres de bien, altruistas ciudadanos que deciden poner en riesgo sus vidas con tal colaborar con el orden alcanzado en el Centenario de la Rep\u00fablica. Al verse acorralado, el fugitivo muestra el rev\u00f3lver en actitud amenazante, pero la polic\u00eda logra inmovilizarlo frente al Teatro Royal, lo que evita un ba\u00f1o de sangre mayor. La letra convertida a esas alturas en un puro garabato sobre el cuadernillo del reportero da cuenta de una mata de pelo rizado sobre una mirada desafiante, detalle corroborado al d\u00eda siguiente en la fotograf\u00eda publicada en el peri\u00f3dico.<\/p>\n<p>Mientras la multitud intenta linchar al detenido por lo que considera una absurda y cruel acci\u00f3n, entre medio del forcejeo con sus captores, \u00e9ste se declara autor de los disparos, reniega de la burgues\u00eda, recuerda la muerte de cuarenta trabajadores en el mineral El Teniente por una explosi\u00f3n de dinamita. Tengo la satisfacci\u00f3n de haber vengado a los oprimidos, leen los santiaguinos al d\u00eda siguiente en El Diario Ilustrado mientras no dejan de sorprenderse con los detalles de lo obrado por Efra\u00edn Plaza Olmedo.<\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b><b>Vecinos agonizantes<\/b><\/p>\n<p>La prensa indaga en la vida del asesino. Los testimonios resultan lejos de lo esperado. Nada de prontuario policial, nada de fechor\u00edas previas, nada que se acomode a la l\u00f3gica bienpensante de la \u00e9poca. Su casero, David Fern\u00e1ndez, considera a Plaza Olmedo un hombre de muy buena conducta, que paga el arriendo de su pieza con rigurosa puntualidad. Nunca se embriaga y a las seis de la ma\u00f1ana se va a su trabajo.<\/p>\n<p>Otros vecinos se refieren a sus largas horas dedicadas a la lectura durante la noche, a su salario de seis pesos que le permite un buen pasar y destinar una parte del dinero a la compra de libros anarquistas, los cuales, una vez le\u00eddos, son regalados a otros trabajadores para que su mensaje se vuelva semilla en sus conciencias.<\/p>\n<p>La declaraci\u00f3n de su jefe de la Barraca el Sol, Luis Gonz\u00e1lez, ante juez del caso, Juan Bianchi Tupper corrobora lo anterior: un tipo de irreprochable conducta, contra\u00eddo a su trabajo, al que no se le conoce ning\u00fan vicio y que en sus ratos de descanso se conformaba con leer el peri\u00f3dico.<\/p>\n<p>Una bomba de tiempo que nadie descubre ni menos desactiva. Su mecha se pone en movimiento en 1894, cuando Efra\u00edn Plaza Olmedo, subido a la tapia de su casa de Maip\u00fa esquina Santo Domingo, divisa en el patio colindante a dos ni\u00f1os y una ni\u00f1a en un estado deplorable. Al mayor de los ni\u00f1os los huesos se le traslucen y han roto el cutis en las espaldas. La ni\u00f1ita tiene en la cabeza una llaga comida por gusanos. La piel de los tres se ve amarilla y pegada a los huesos, sus rostros de cinco, seis y siete a\u00f1os desencajados, temerosos, con dificultad para hablar. No es dif\u00edcil cerciorarse que se les mantiene encerrados en esa vieja y enorme casona. Durante meses, los hermanos se han alimentado de hierba y desperdicios arrastrados por la acequia que cruza los solares de las casas de Santiago. Es en ese momento que el peque\u00f1o Efra\u00edn, de s\u00f3lo diez a\u00f1os, decide poner punto final a semejante tormento, por lo que roba leche y pan de su casa para obsequi\u00e1rselos. Cuando su padre nota la desaparici\u00f3n de la mercader\u00eda, despu\u00e9s de varias conjeturas, se dispone a echar a la calle a una vieja sirvienta, pero recibe a tiempo la confesi\u00f3n de su hijo. Hay versiones que hablan de un hombre de buen coraz\u00f3n que abraza llorando a su hijo y que denuncia el hecho a la justicia. No tarda en saberse el origen de tama\u00f1a monstruosidad: el matrimonio Puelma, fallecido recientemente, ha dejado una peque\u00f1a fortuna a sus tres hijos. Unos parientes deciden quedarse con el dinero matando de hambre a los peque\u00f1os.<\/p>\n<p>Aunque la justicia no lo considera ni menciona como testigo por su corta edad (ni siquiera lo hacen los ni\u00f1os en sus balbuceantes declaraciones), Efra\u00edn Plaza Olmedo se asume a s\u00ed mismo con el salvador de las tres criaturas y de todos los desvalidos del pa\u00eds. Durante la serie de interrogatorios a que es sometido por el juez Bianchi Tupper en los meses siguientes, el libertario recuerda lo vivido en su infancia y lo entrega como antecedente de la causa. La sociedad en nombre de la cual se le condena es la responsable de su malestar, se\u00f1ala en sus declaraciones, y el abandono social es el responsable del delito por \u00e9l cometido. Todos los males sociales y los cr\u00edmenes en todas sus formas, emanan del r\u00e9gimen econ\u00f3mico actual, ocasionado por la propiedad privada y sustentado por el estado, asegura. Este \u00faltimo, para su subsistencia, necesita del dinero para mantener un numeroso ej\u00e9rcito el cual vela por el correcto funcionamiento de este orden social impuesto, concluye.<\/p>\n<p>Dos de los ni\u00f1os Puelma comparecen ante el juez y confirman la historia de Plaza Olmedo. Se refieren a \u00e9l como un buen hombre, decente, para ocupar el t\u00e9rmino de las buenas conciencias de entonces. Diario La Batalla consigna otro detalle en una extensa nota del 1 de noviembre de 1912 dedicada a quien llaman c\u00e1lidamente compa\u00f1ero: la ausencia de un pecho donde Efra\u00edn Plaza Olmedo pudiera reclinar su cabeza cargada de ideales, as\u00ed como de unos labios rojos ardientes donde posar los suyos.<\/p>\n<p>Donde hay menos claridad es en sus primeros a\u00f1os. Cuando se le pregunta por sus or\u00edgenes, Plaza Olmedo se confiesa hijo ileg\u00edtimo de una alcoh\u00f3lica tempranamente fallecida, sin pariente alguno por esta condici\u00f3n, y con s\u00f3lo un apellido v\u00e1lido: Olmedo. Cercanos al detenido complementan su versi\u00f3n: v\u00edctima de la lascivia y del enga\u00f1o de los potentados, probablemente la mujer pasa de sirvienta a prostituta y de prostituta a sirvienta. Siempre borracha y con su guacho creciendo en callejones, \u00e9ste es recogido s\u00f3lo por misericordia por su padre. \u00c9l le brinda cierta protecci\u00f3n, pero nada m\u00e1s, hasta que puede ganarse la vida como panadero \u2013oficio que dignifica- y luego soldado \u2013actuar que denosta. Menciona su paso por el norte del pa\u00eds como testigo directo o indirecto de la masacre de la Escuela Santa Mar\u00eda de Iquique. Otras voces hablan del hijo de un caballero decente -esto coincide con el hombre que se enternece con el temprano robo de su hijo- que s\u00f3lo cursa unos meses en el Colegio Santo Tom\u00e1s de Aquino, aunque poco importa pues ya sabe leer y escribir. Esto le permite introducirse en autores como Friedrich Nietzsche, Max Stirner y Mija\u00edl Bakunin, cancioneros revolucionarios catalanes y los mundos ideales del pr\u00edncipe Piotr Kropotkin (fil\u00f3sofo considerado el padre del anarco comunismo, adem\u00e1s de f\u00edsico, autor de \u201cLa ciencia moderna y la anarqu\u00eda\u201d, donde sostiene que el universo es materia en perpetua y libre evoluci\u00f3n; una anarqu\u00eda en s\u00ed misma y jam\u00e1s impuesta). Sin embargo, hay otras versiones que se refieren a Efra\u00edn Plaza Olmedo como un heredero de la opulencia de la burgues\u00eda criolla, habitante de un palacio en calle Dieciocho, quien a temprana edad rompe su burbuja al conocer el drama de los hermanos Puelma y decide a\u00f1os m\u00e1s tarde hacer justicia por sus propias manos.<\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b><b>De libertario a fakir<\/b><\/p>\n<p>A diferencia de otros presos con delitos tan o m\u00e1s graves que el suyo, Efra\u00edn Plaza Olmedo no miente ante el juez ni ante los periodistas, muchos de los cuales buscan en su celda encontrar a un esp\u00e9cimen m\u00e1s del hampa capitalina. En vez de adornar sus declaraciones, prefiere insistir en su ataque al poder. Sus esfuerzos se redoblan por hacer su mensaje m\u00e1s inteligible y razonable. Agrega que el arma la hab\u00eda comprado para asesinar el Presidente Pedro Montt y a los jefes militares de la matanza de la Escuela Santa Mar\u00eda de Iquique. Pero la enfermedad se le adelanta en el caso de Montt, quien fallece en Europa en 1910, previo a las celebraciones del Centenario. Para los medios oficiales, Plaza Olmedo es un agriado, un degenerado y el reflejo de la maldad, mientras que las publicaciones \u00e1cratas lo llaman h\u00e9roe, justiciero, defensor. Se inicia el debate al interior de la izquierda sobre el uso de la violencia para alcanzar sus objetivos, ahora con dos muertos a su haber. Plaza Olmedo insiste en sus posturas: califica al capitalismo como la gran bestia que pisa con sus inmundas pezu\u00f1as al hombre asalariado en una entrevista concedida al peri\u00f3dico El Jos\u00e9 Arnero, cercano al sector izquierdista del Partido Democr\u00e1tico.<\/p>\n<p>Dado que \u00e9l no es ni desea ser capitalista y al negarse a trabajar -contin\u00faa explicando el m\u00f3vil de sus acciones- le quedan dos caminos: el robo y la mendicidad, las cuales rechaza de manera categ\u00f3rica. Queda como \u00faltimo recurso el suicidio, pero lo considera propio de los burgueses, quienes atentan contra su propio c\u00f3digo o que no tienen la suficiente entereza de car\u00e1cter. Como la \u00fanica causante de que este callej\u00f3n sin salida en que se haya es la burgues\u00eda, resuelve entonces, vengarse de ella matando a uno o m\u00e1s de sus miembros. Sin embargo, reconoce la posibilidad de haber errado en esto \u00faltimo y lo lamenta: una de sus v\u00edctimas, como se lo hace ver el periodista de El Jos\u00e9 Arnero, es el joven Carlos Consol\u00edn, un modesto empleado de clase media, \u00fanico sost\u00e9n de su madre viuda y anciana.<\/p>\n<p>El juez Bianchi Tupper falla a mediados de mayo de 1913 una condena de 20 a\u00f1os de prisi\u00f3n. La irreprochable conducta anterior libra Plaza Olmedo de la pena de muerte. Permanece en la c\u00e1rcel en espera de la sentencia de la Corte de Apelaciones. Asume su propia defensa en los alegatos insistiendo en la responsabilidad social de los privilegiados en \u00e9ste como en todos los cr\u00edmenes, condenando a los pueblos a la esclavitud y miseria. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la culpabilidad?, se cuestiona. \u00bfEn su persona, impulsada por la injusticia social a cometer un acto de violencia, o en aquellos que vali\u00e9ndose de la ignorancia del pueblo lo condenan al trabajo excesivo y a la miseria con tal de mantener sus privilegios?<\/p>\n<p>En entrevista con El Mercurio, el director de la Penitenciar\u00eda, Belisario G\u00e1lvez, lo acusa de agresi\u00f3n verbal al capell\u00e1n cuando se le obliga a participar en una misa y, luego, de golpear con un fierro de su celda a los gendarmes que intentan engrillarlo. Adem\u00e1s, se le califica como instigador de huelgas de hambre, protestas y motines dentro del penal por lo que se intensifican los castigos con flagelaciones y mala alimentaci\u00f3n, m\u00e1s el aislamiento. Una liga anarquista de Panam\u00e1, con la cual manten\u00eda correspondencia antes del doble homicidio como lo comprueban los libros requisados en su hogar, le env\u00eda dinero y mensajes de aliento.<\/p>\n<p>Como es de esperarse, la Corte Suprema no valora su deseo de llamar la atenci\u00f3n de la burgues\u00eda ego\u00edsta a punta de balazos. Aquello es considerado inaceptable y se le condena a cuarenta a\u00f1os de c\u00e1rcel, veinte por cada asesinato. Pero los obreros no lo ven de la misma forma y lo convierten en un s\u00edmbolo de su redenci\u00f3n. Piden gracia para \u00e9l, aunque todo es in\u00fatil. Se le encierra en Patio Siberia de la Penitenciar\u00eda de Santiago y permanece incomunicado por m\u00e1s de diez a\u00f1os, sin derecho a leer ni a trabajar. Responde al tormento convirti\u00e9ndose en una especie de estatua o fakir enjaulado que pasa largo tiempo en la m\u00e1s completa inmovilidad.<\/p>\n<p>En 1922 el abogado radical, Carlos Vicu\u00f1a, lo visita por encargo de unos obreros de Valpara\u00edso y a partir de ese momento asume como el cronista de sus \u00faltimos a\u00f1os. Se trata de la primera visita que recibe el anarquista en una d\u00e9cada. Al despedirse, Plaza Olmedo rechaza el dinero ofrecido por el abogado y solo acepta caf\u00e9, m\u00e1s una suscripci\u00f3n a un diario como una forma de entrar en contacto con el mundo.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, el abogado Vicu\u00f1a pide gracia para el detenido al Presidente de la Rep\u00fablica, Arturo Alessandri Palma, la cual es negada por miedo a que se repitiera el crimen. Sin embargo, la autoridad le alivia algo la pena y lo env\u00eda a la c\u00e1rcel de Talca, donde se le autoriza, despu\u00e9s de a\u00f1os, a trabajar. En 1925, tras el \u201cruido de sables\u201d y el golpe de estado de los oficiales j\u00f3venes del ej\u00e9rcito que destituye a Alessandri, los obreros aprovechan de insistir en la liberaci\u00f3n de Plaza Olmedo, la que es concedida por el gobierno de facto. El primer domingo de marzo de 1925 deja a sus espaldas los portones de la Penitenciar\u00eda de Talca con 39 a\u00f1os. Mientras avanza por la alameda de la ciudad, deja atr\u00e1s trece a\u00f1os de prisi\u00f3n, de los cuales 56 meses son de aislamiento total. Declara m\u00e1s tarde al peri\u00f3dico Acci\u00f3n Directa que la c\u00e1rcel no lo atorment\u00f3; vivi\u00f3 al margen del dolor en la prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Efra\u00edn Plaza vuelve a las calles de Santiago, pero su fama de enajenado le impide encontrar ocupaci\u00f3n alguna. Se menciona en medios de prensa su participaci\u00f3n en las movilizaciones de los arrendatarios de Santiago. Su cad\u00e1ver es encontrado en un camino en las afueras del capital. Para unos se trata de un suicidio, pero para otros de un asesinato de la polic\u00eda. S\u00f3lo los olmos del lugar y un canal de agua terrosa, si hablasen, podr\u00edan revelar la verdad de lo ocurrido.<\/p>\n<p><strong>Por Claudio Rodr\u00edguez Morales.<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.sicnoticias.cl\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/sic-con-pagina2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-thumbnail wp-image-1243\" alt=\"sic con pagina\" src=\"http:\/\/www.sicnoticias.cl\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/sic-con-pagina2-150x150.jpg\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"http:\/\/www.sicnoticias.cl\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/sic-con-pagina2-150x150.jpg 150w, http:\/\/www.sicnoticias.cl\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/sic-con-pagina2-50x50.jpg 50w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El cuadernillo se abre y la hoja en blanco recibe los primeros adjetivos utilizados por el periodista de El Diario Ilustrado para casos los policiales, seg\u00fan el manual de estilo de 1912. 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